“Exilio es no estar con uno mismo”

Arístides Vargas, actor y dramaturgo argentino, visitó la localidad de Villa Regina para presentar Nuestra Señora de las Nubes en la sala de La Hormiga Circular, el sábado 18 de octubre. La obra, que “narra los sucesivos encuentros entre Oscar y Bruna, dos exiliados que, en el transcurso de un tiempo impreciso, se ven en diferentes lugares y recuerdan episodios de sus vidas”, fue escrita y es protagonizada por Vargas junto a su mujer, la española Charo Francés.

La función que trajo a la pareja a la localidad se enmarca en una gira que los llevó por distintos escenarios del país.

Arístides Vargas nació en Córdoba en 1954 y a temprana edad se mudó a Mendoza. Cuando se inició la noche más negra de la historia argentina moderna tenía veintiún años y estudiaba teatro en la Universidad Nacional de Cuyo. Tuvo que abandonar el país rumbo al exilio. Era 1975. El clima de la época atraviesa su extensa narrativa conformada por obras como La Razón Blindada, La Muchacha de los Libros Usados y Nuestra Señora de las Nubes, entre otras. Así, en los textos del autor aparecen guiños al desarraigo, la violencia, la memoria, la pérdida, el exilio. Radicado en Ecuador fundó el grupo de teatro Malayerba en 1979 que se convirtió en uno de los referentes internacionales del teatro latinoamericano.

Arístides Vargas en Villa Regina.
Arístides Vargas en Villa Regina.

El sábado a las 20, a escasas horas de la función y a escasos metros de La Hormiga Circular, Arístides da pequeños sorbos a su café cortado, mientras mira a través del amplio ventanal de Vittorio. Sus ojos recorren la cansina ronda de automóviles que se arrastra por la avenida 9 de Julio y detiene su mirada un instante sobre la barda. Hace una observación sobre el paredón natural y continúa con su bebida.

Arístides tiene un hablar pausado y sereno, reflexivo en sus palabras y profundo en sus pensamientos. Por momentos su voz se pierde entre el bullicio del local y la sobreabundancia de explosiones que producen los escapes libres de las motos, un clásico los fines de semana en la ciudad. En ese contexto hay que hacer un esfuerzo para distinguir su tonada que por momentos se asemeja a la cuyana y por momentos suena a puro Ecuador. Tal vez la musicalidad que Arístides le imprime a sus palabras sea la suma de muchos acentos producto de su deambular a causa del exilio a edad temprana. Por un lado lo que se pierde y por otro lo que se gana.

“Cuando estoy fuera de Argentina me dicen que mi acento es argentino pero cuando estoy acá me dicen que es medio raro y que no se entiende muy bien de dónde es”, reflexiona Arístides y agrega: “El exilio te enseña a perder, porque pierdes una cotidianeidad, una circunstancia de vida, una cultura en los casos más duros. Pero también ganas otra cotidianeidad, entiendes las claves de otros lugares y eso también se agradece”.

“La tragedia del exilio es que no vuelves nunca más al lugar que abandonaste”

El autor considera que poder ver las cosas desde lejos amplía la perspectiva sobre lo que uno está mirando. “Salí siendo muy joven de Argentina y pasé años fundamentales fuera y eso me permitió analizar una Argentina perdida que seguramente no se va a poder recuperar porque la tragedia del exilio es que no vuelves nunca más al lugar que abandonaste. Entonces es importante situar esa mirada desde lejos y mis obras están impregnadas de estas contradicciones”, afirma Arístides.

A través de los textos de sus obras, el autor intenta reconstruir hechos fracturados de una historia traumática que afectó a todo un subcontinente durante los años de plomo. “Esa reconstrucción es ficcional por lo tanto no es efectiva en el campo de lo real pero de alguna forma alivia el haber vivido determinadas cosas y que esas cosas hayan destruido parte de uno mismo. Entonces, reconstruirla ficcionalmente ayuda para que la vida sea un poco diferente y pueda ser mirada desde otro lado”, indica y hace una pausa para preguntarle a Charo, su mujer, cómo se encuentra.

Arístides considera que el teatro muestra núcleos conflictivos no superados que pueden ser universales. Por ejemplo, no hace falta haber sufrido la represión de una dictadura para vivir el exilio. “Vos podés sentirte exiliado en tu barrio, o en tu familia. Exilio es no estar con uno mismo”, sintetiza y confiesa que muchas veces se preguntaron por qué el público se acerca a ver sus obras. “¿En algún lugar de la conciencia está este fantasma no superado de un momento traumático de la historia argentina o sencillamente se imbrican con temas y le dan una interpretación a partir de lo que les está pasando a ellos?”, y deja la pregunta sin respuesta, flotando en el ambiente.

Arístides remarca que no se debe subestimar al público. “A nosotros nos viene a ver todo tipo de público (…) y podemos hacer teatro en grandes ciudades como Nueva York pero también lo podemos hacer en Villa Regina, no nos entrampados en los discursos artísticos (…). Con esto quiero decir que el público no es tonto, no hay que creer que porque son de aquí hay que darle otro teatro. Ahora, las realidades están mucho más cercanas. Hay un globalización que destruye muchas veces las particularidades pero también posibilita entenderse dentro de un contexto donde no hay jerarquías espaciales”, explica mientras que con su pulgar y su índice se frota la garganta. La hora de la función se acerca y hay que cuidar la voz.

“En Argentina es especialmente importante el teatro porque, a diferencia de otros países, es un arte integrado a la vida cultural. Nosotros ahora hemos hecho un recorrido desde Jujuy hacia la Patagonia y ha sido increíble constatar las diferencias teatrales que existen por lo que se hace difícil hablar de una teatralidad, en cambio hay teatralidades o formas diferentes de hacer teatro que, lejos de distanciar enriquece (…). Fuera de Argentina siempre se toma como referencia el teatro de Buenos Aires, es lamentable pero es así”, dice Arístides que hace un esfuerzo para hacerse escuchar entre el ruido ambiente que se incrementa.

“Muchas veces a los estados no les interesa apoyar al teatro ni las artes porque son cuestionadoras en su raíz”

La fuerza del teatro, y otras artes, reside en la capacidad de generar nuevas realidades que no funcionan con la misma lógica de la realidad real, asegura el dramaturgo. “Por eso, muchas veces a los estados no les interesa apoyar al teatro ni las artes porque son cuestionadoras en su raíz”, finaliza Arístides.

A lo lejos el atardecer tiñe de rosado la barda norte anunciando la noche. Más cerca, la ronda de automóviles se hace más lenta y la histeria de las motos escape libre más intensa. Es hora de la función.

(*) Nota escrita para la edición del 22 de octubre de 2014 del Periódico La Comuna de Villa Regina.
Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Attribution-ShareAlike 2.5 Argentina 

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