La fiebre por el oro negro (iii)

Las penas y las vaquitas
se van por la misma senda.
Las penas son de nosotros;
las vaquitas son ajenas.

El Arriero – Atahualpa Yupanqui

En 1944 Atahualpa Yupanqui dejaba registrada, en el lado A de un disco de acetato de 78 RPM, la metáfora que mejor define al extractivismo. “Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”, escribió el payador perseguido.

El extractivismo es un actividad primaria que consiste en obtener recursos por medio de la explotación de la naturaleza para volcarlos al mercado, como ocurre, por ejemplo, con las industrias minera, petrolera y la agricultura.

A pesar de los debates en torno a este modelo, “y de la creciente evidencia de su limitada contribución a un genuino desarrollo nacional, el extractivismo goza de buena salud. Las exportaciones de minerales y petróleo mantienen un ritmo creciente, y los gobiernos

insisten en concebirlas como los motores del crecimiento económico”, explica Eduardo Gudynas, investigador del Centro Latinoamericano de Ecología Social (CLAES) (1).

Es por ello que son los mismos estados los que han generado incentivos para el modelo extractivo a partir de reformas normativas, llegando incluso a otorgarles subsidios financieros como ocurre en Argentina donde el barril de petróleo tiene un precio interno que ronda los 70 dólares cuando en el mercado internacional llega a los 50.  “No sólo esto, sino que han generado una versión de agricultura basada en monocultivos y orientada a la exportación, que termina resultando ser una nueva de extractivismo” (2).

El ministro de Economía, Axel Kicillof, selló un acuerdo con las empresas, los sindicatos y las provincias productoras de hidrocarburos para sostener un precio interno alto del crudo a fin de garantizar la continuidad de la actividad e inversiones.

Gudynas considera que los impactos ambientales y sociales pasan desapercibidos “debido al centralismo de casi todos los países. Las élites, los medios de comunicación y los sectores de mayor peso en la opinión pública, están en las capitales y grandes ciudades, y tienden a menospreciar lo que ocurre en el interior lejano de sus países. Los gobiernos centrales aprovechan una transferencia de los costos sociales y ambientales hacia las comunidades locales y los municipios, quienes son los que deben finalmente lidiar con los problemas ocasionados por el extractivismo” (3).

En este contexto se anunció la licitación para la exploración de hidrocarburos en Río Negro, Alto Valle Este incluído, (Ver …) y se celebró haber sido la primer provincia en realizar el llamado “de acuerdo al nuevo marco regulatorio nacional, tras las modificaciones introducidas por la Ley Nº 27.007”, según informó el mismo Gobierno provincial.

Darío Aranda, periodista, explica que la modificación a la Ley de Hidrocarburos (27.007) se votó durante la madrugada del 30 de octubre de 2014 con “numerosos beneficios a las empresas: plazos de concesión de hasta 45 años, concentración de mercado, regalías de sólo el 12 % y tribunales extranjeros para resolver cualquier disputa. No contempla los derechos indígenas y no establece control ambiental de ningún tipo, justamente para una de las industrias más contaminantes de la historia” (4).

El combo ideal para la tormenta perfecta: Economía regional en crisis, empresas multinacionales, mucho dinero en juego, la promesa de “progreso” y empleo y un Estado que no cumple con los compromisos asumidos en la Constitución Nacional.

Chevrón, la multinacional asociada a YPF y una de las mayores compañías petroleras del mundo “es una empresa prófuga de la Justicia”. Fue condenada en Ecuador a pagar 8.000 millones de dólares por contaminar dos millones de hectáreas con 103 millones de litros de crudo derramado y 63.000 millones de litros de agua tóxica arrojada a río. Chevron retiró sus activos de ese país y se niega a acatar el fallo (5).

Entonces, los valletanos deberían, al menos, preguntarse a quién se le está abriendo la puerta para venir a jugar. Como cuentan las historias de vampiros, éstos no entran si no se los invita a pasar.

Así lo entendieron los vecinos de Esquel en 2002 cuando se enteraron que la empresa Canadian Gold iba a instalar el enclave de la mina El Desquite en el cerro Tres Puntas a 6 kilómetros de la ciudad, explicó Colina Milán, docente y vecina que participa activamente de la asamblea autoconvocada. “Al principio, como no había mucha información sobre este tipo de actividad, en el pueblo generó alegría con promesas de progreso económico”, recordó.

Fue durante las charlas de difusión que dieron los empresarios afines a la actividad que profesoras universitarias de química comenzaron a interrogarse sobre los procedimientos que iban a utilizar, sobre todo el de lixiviación del oro con cianuro. “Cuando comenzaron a investigar se dieron cuenta de los riesgos que implica la utilización de de cianuro a gran escala”, agregó Milán. Las docentes se comienzan a angustiar ante la situación y decidieron  difundir lo que habían encontrado a través de unas charlas dentro de la universidad. “Cuando otros profesionales y estudiantes se enteran comienza a circular la información”, dijo la docente y remarcó que de la emoción por las posibilidades económicas se pasó a la inquietud por el impacto ambiental y social que se iba a generar a partir de la radicación del emprendimiento. A mediados de 2002 comienzan a juntarse en asambleas que comienzan a ser cada vez más frecuentes y multitudinarias.

“Se comenzó a hipotetizar sobre la posibilidad de que ocurran accidentes como el que pasó hace poco en Jáchal (6) que lamentablemente fue la confirmación de esas primeras hipótesis”, relató Milán  y recordó el costo que pagaron las personas que comenzaron a alertar a los vecinos porque fueron tratados de “mentirosos, exagerados, fundamentalistas”.

El cuatro de diciembre de 2002 el pueblo de Esquel salió masivamente a la calle y se decidió repetir la movilización el cuarto día de cada mes hasta que las mineras se vayan. “Hasta el día de hoy seguimos marchando porque aunque se haya logrado frenar aquel intento volvieron con otro nombre y otras estrategias y entre el 2011 y 2012 se reactiva la conflictividad”, expresó.

A pesar que el proyecto de megaminería estaba amparado por la ley no contó con la legitimidad de los habitantes de la localidad chubutense. La movilización fue de tal magnitud que el 23 de marzo de 2003, el Concejo Deliberante convocó a un plebiscito no vinculante para que la población exprese la aceptación o el rechazo de las actividades mineras. El resultado arrojó que el  81% se manifestó contra la megaminería y el uso de cianuro. “Si las cuestiones legales no son sostenidas a nivel social pierden legitimidad”, aclaró Milán.

Lo que comenzó en ese pueblo de 32.343 habitantes se convirtió en un movimiento de resistencia en todo Chubut (y el país) frente a las políticas de explotación de los recursos naturales. “Es una batalla muy dura y desigual”, advirtió Milán.

La docente reconoció, entre otros factores, que a los vecinos de la localidad cordillerana los unió el amor por el lugar donde viven y un deseo de protegerlo para poder seguir viviendo en una comunidad saludable.

El progreso

Corina Milán advirtió que el extractivismo no genera trabajo ni derrama beneficios económicos en las comunidades con enclaves mineros o petroleros, “en todo caso se benefician los mismos de siempre”. “Lo que tenemos para mostrar de otras experiencias es que se suele tomar mano de obra durante la primera parte del emprendimiento que es cuando se construye, por eso los gobiernos y las empresas tiran líneas con los sindicatos de la construcción. Toman gente para los puestos menos remunerados y más precarizados como limpieza pero después, al ser actividades altamente tecnificadas, los que tienen acceso a los puestos bien remunerados son universitarios con alto nivel de preparación que generalmente son traídos de otros lugares”, agregó.

Con el paso del tiempo las actividades económicas que se realizaban en las localidades se deterioran: Turismo o agricultura se arruinan, por ejemplo al perder las certificaciones para la exportación como les está pasando a los cebolleros de Jáchal, señaló Milán.

El extractivismo es parte de un discurso hegemónico, manifestó la docente, tal como queda de manifiesto en las propuestas de los tres candidatos a presidente que aparecen como con más oportunidades de ocupar el sillón de Rivadavia luego de diciembre. “Juegan a vender el extractivismo como única oportunidad de desarrollo, nadie lo ve de otra manera y eso es tremendo”, enfatizó Milán.

La docente señaló la importancia de poner en movimiento la inteligencia colectiva, la necesidad de encontrar un punto que aglutine a la sociedad y comenzar a tomar el desafío como una responsabilidad intergeneracional. “Qué lugar queremos para nuestros hijos”, se preguntó Milán y agregó que hay que empezar a pensar distinto.

 

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(1) Gudynas, Eduardo. Diez tesis urgentes sobre el nuevo extractivismo. http://www.extractivismo.com/documentos/capitulos/GudynasExtractivismoSociedadDesarrollo09.pdf

(2) y (3) Idem.

(4) Aranda, Diego. Tierra Arrasada. Editorial Sudamericana. 2015. Buenos Aires.

(5) Idem

(6) En septiembre de este año se produjo un derrame de agua con cianuro de la mina de oro Veladero ubicada en Jáchal, San Juan. Al principio la empresa Barrick Gold y el Gobierno provincial lo negaron. Luego, la minera tuvo que reconocerlo.

(*) Nota escrita para la edición 615 del Periódico La Comuna de Villa Regina publicada el 21/10/15. 
Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Attribution-ShareAlike 2.5 Argentina 

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